Contra el maltrato infantil

Escucha hijo…

Publicado el 06/02/2011 por Rie Peru 2021

Voy a decirte esto mientras duermes. Quiero que sepas que me hubiese gustado que estuvieras despierto, pero no pensé en la hora y ya en tu cuarto, te veo dormido con una manito metida bajo la mejilla, tu cabello alborotado y una carita de yo no fui, de lo más bella.

Quiero confesarte que hace unos minutos mientras leía un libro y sin poder concentrarme, sentí un escalofrío y una ola de remordimiento que me ahogaba, así que levantándome de un salto corrí a tu cuarto para contarte lo que me ocurría y te encontré dormido, pero a pesar de que estas dormido quiero que me escuches lo que me hacía sentir tan mal, fíjate:

Hoy me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir al colegio porque no te habías cepillado los dientes y aún tenías mojada la cara… Te regañé porque no limpiaste tus  zapatos… Te grité porque dejaste caer algo al suelo…

Durante el desayuno te regañé también…Volcaste las cosas…Tragaste la comida sin cuidado…Pusiste los codos sobre la mesa…Untaste demasiada mantequilla en el pan…Y cuando te ibas ya a la escuela con tu mamá, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “Adiós, papi” y yo fruncí el ceño y te respondí: “Ten cuidado, pórtate bien”.

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Cuando me acercaba a casa te vi jugando en la calle…Tenías roto el pantalón en las rodillas…Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí, a medida que te iba diciendo “sí tuvieras que comprar tú los pantalones, los cuidarías con mayor interés. ¡¡Debes ser más cuidadoso!!”…¡¡Qué barbaridad, hijo, pensar que un padre diga eso!!…

Recuerdo, también que cuando yo leía el periódico, fuiste hasta mí, tímidamente, con una mirada de perseguido…y cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en abrazarme, cuando te dije bruscamente…”¿Y ahora qué quieres?”…“Nada” respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera contra mí…. me echaste los brazos al cuello y me besaste. Luego de eso, pediste la bendición y te fuiste a dormir, con breves pasitos a tu cuarto…

Bien, hijo; poco después fue cuando me entró ese sentimiento de culpabilidad, por mi comportamiento hacia ti, por mi terrible costumbre de encontrar defectos, de siempre reprender…..Y me preguntaba, “¿es esa mi recompensa a ti por ser un niño?”…Pero quiero que sepas, hijo, que no era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti…Te medía con la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello…y de recto en tu carácter, ¡hijo!… Ese corazoncito tuyo es tan grande como el Sol que nace cada mañana… Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme… Nada más importante esta noche, hijo… He llegado hasta tu cama en la oscuridad y me he arrodillado, lleno de vergüenza….

Es una pobre expiación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto…Pero mañana, seré un verdadero Padre…Seré tu compañero y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías…Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes…Me repetiré como si fuera un ritual…: “¡No es más que un niño!”… “No es más que un niño”… ¡Es mi hijo!…

¡¡¡TE QUIERO MUCHO, HIJO!!!

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